Como parte de una gestión de activos eficiente, y de forma complementaria a los mantenimientos preventivos y correctivos, la inspección de rutina es clave para mitigar daños a mediano y largo plazo. Detectar anomalías a tiempo evita que fallas menores escalen a emergencias mayores.
Por ejemplo, identificar y corregir una fuga oportunamente previene la pérdida de aceite y la consecuente degradación de la capacidad de refrigeración del equipo, una condición que también puede monitorearse mediante la revisión periódica de las temperaturas de operación.
Con base en los estándares IEEE, se recomienda ejecutar un plan de inspección periódica que incluya, entre otras, las siguientes actividades:
- Monitorear los voltajes de funcionamiento y las corrientes de carga.
- Registrar y restablecer los indicadores de temperatura máxima del líquido aislante y de los devanados. Esto permite trazar el histórico ante eventos de sobrecalentamiento y correlacionarlos con condiciones operativas excepcionales.
- Verificar los niveles de líquido aislante en el tanque principal y en el compartimento del conmutador (si aplica).
- Controlar la presión del gas nitrógeno en transformadores con colchón de gas.
- Evaluar la presencia de fugas ocultas si el indicador de nivel permanece estático (en o cerca de cero) mientras el nivel real varía, una prueba crucial para garantizar la hermeticidad del transformador.
- Inspeccionar que los radiadores estén limpios, libres de obstrucciones y con sus válvulas y conexiones empernadas sin rastros de fugas.
- Confirmar la integridad del sistema de puesta a tierra del transformador y de sus elementos metálicos, asegurando que las conexiones sigan en su lugar y libres de corrosión.
- Evaluar el estado físico y operativo de los gabinetes de control, relés y cableado.
- Revisar la saturación del gel desecante (sílice gel) para prevenir el ingreso de humedad.
- Tomar lectura de los contadores del cambiador de tomas bajo carga (LTC), interruptores, reconectadores y seccionadores para el seguimiento de sus ciclos de vida.
- Probar el funcionamiento de los ventiladores y bombas de circulación de aceite. Los controles deben mantenerse en modo automático, pero se recomienda operarlos manualmente de forma periódica para asegurar que los mecanismos no se agarroten cuando las temperaturas de operación no alcancen el umbral de activación automática.
- Detectar rastros de actividad animal que puedan comprometer el aislamiento exterior o los sistemas de control.
Maximice la confiabilidad de su infraestructura
La gran ventaja de estas actividades es que se realizan con el transformador en servicio, sin necesidad de interrumpir el suministro eléctrico. Esto permite a los propietarios programar sus presupuestos y ventanas de mantenimiento de manera eficiente, anticipándose a fallas correctivas que pongan en riesgo la continuidad del negocio.
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